Justicia poética

Golpea la mesa con el dedo índice, literalmente con el dedo porque no tiene uñas. Has pensado en preguntarle porqué pero romperías las normas. Llamas al camarero y pagas, la transacción queda reflejada en tu chip intercapilar y es parte de la coartada. Aún sabiendo que el Xiu Ming fue uno de los primeros restaurantes en tener servicio robótico, te ha costado identificar el rostro de este como tal. Quizás sean los nervios.

– Este es nuevo. Cada vez cuesta más reconocerlos – A Eme le gusta hablar con la boca llena, es la tercera vez que compartes mesa con ella y en todas las ocasiones ha roto su silencio en el momento exacto de empezar a comer.

A ti te llama Hache. Ahora mismo otras dos letras están ejecutando el comando final del plan. No las conoces pero tienen la jeringa con el preparado. Os reclutó Uve, llegó a ti a través de un grupo de investigación de la no violencia en el que participaste el verano pasado. Tu acceso al laboratorio de la universidad y tu especialización en neobiología molecular aplicada al adn fueron las dos razones por las que hace unos meses fuiste escogida. A pesar de no serlo parece un recuerdo lejano y, si todo sale bien, mañana no será nada. Eres consciente de que la ingesta de bloqueadores de memoria entraña riesgos pero has preparado cinco cápsulas, una para cada letra, y confías en que todas ellas cumplirán con su parte, menos Uve, sabes que ella no olvidará. El olvido es la única defensa posible frente a la violencia que ejercerán si alguna es apresada. Las instrucciones acordadas son claras. Sientes la vibración del mensaje en tu muñeca y sabes que también Eme lo ha hecho porque se levanta decidida, ya de pie sorbe los últimos fideos de la sopa y coge su cobertor.

– Espera. Lo voy a olvidar en unas horas así que no creo que importe. ¿Por qué no tienes uñas?

– Los pros y los contras de bloquear la memoria – apenas murmulló la frase dejando ver los últimos fideos entre sus dientes, pero fue una sentencia a pesar de no quedarte claro en qué sentido.

Con la cápsula en tu mano y un vaso de agua sobre la mesilla recapitulas por última vez. La fórmula para la mutación cromática ha sido un éxito que en unas horas no recordarás. Un acto de justicia poética que restringirá la libertad de movimiento de un postnazi mediante el oscureciendo total de su piel, para el que utilizaste muestras de tu propio adn, la anulación de sus chips intercapilares, trabajo de Eme, y la desaparición de todos sus efectos personales, incluidas la ropa y las armas, último comando llevado a cabo por Te y Zeta junto a la inyección nocturna. Cada una había cumplido con su parte. Sientes que no quieres olvidarlo, quizás sea el orgullo, o las uñas de Eme. O quizás sea Uve y la familiaridad con la que te trató desde el primer momento.