De (im)posibles

De (im)posibles

Hay imposibles en muchas mentes que son posibles en otras tantas. ¿Hablamos? (De momento desde nuestras casas e intentando contener virus)

Supongo que todas nos hemos visto en ambos lados de la balanza, lo recordemos o no, y todas tendremos anécdotas conversacionales que dejen a la altura del betún muchas aseveraciones que tuvieron por objeto el denigrar dudas, reír de las críticas al statu quo o hacer burla de aquellas reflexiones que iban más allá de las verdades impuestas.

Hace unas semanas era imposible frenar la emisión de carbono, una utopía que las mentes de lo imposible veían solo alcanzable en unos cuantos decenios. Ha tenido que aparecer un virus que nos amenace sin importar clase social o situación geográfica para que este sea también hoy un hecho.

Las mentes de lo imposible se parapetan detrás de un sistema, de una realidad que creen o desean inmutable. Hoy están paralizadas.

¿Hablamos de imposibles? Hagámoslo en pasado.
El dinero daba la felicidad y el crecimiento económico era bueno para todos. Los transgénicos iban a acabar con el hambre en el mundo. La monarquía española era campechana e intachable, también indisoluble. Los homosexuales éramos enfermos, el feminismo era cosa de mujeres y las trans no lo eran. La carne sin corazón era una fantasía. Las manifestaciones, asambleas y demás movimientos sociales no valían para nada. Era imposible que se paralizasen desahucios, que se cambiase la Constitución, que se hiciese una operación quirúrgica sin apenas abrir un cuerpo. Las privatizaciones de servicios eran positivos para el interés general. Un empresario de la construcción era más importante que un cajero de supermercado o un enfermero. Era imposible reducir el tráfico o las jornadas laborales, implementar mejoras para la conciliación o anular partidos de fútbol.

¿No será que es más certero hablar desde la duda, desde la reflexión conjunta, emplear un tiempo verbal pasado para los imposibles e imaginarnos construyendo posibilidades?

Hablemos de cambiar las reglas.
De redistribuir recursos, trabajos, medios… De repensarnos en el mundo. Hablemos más allá de binarismos, de absolutos. Hablemos de sistemas organizativos flexibles y mutables, evolucionables. Hablemos de la renta básica universal, de la economía del bien común, de decrecer, de disfrutar de la vida y trabajar menos, de consumir también menos pero hacerlo mejor, de entendernos codependientes aunque no nos conozcamos, aunque nunca nos vayamos a conocer. ¡De la sanidad pública universal no cuestionable!

Está demostrado que cuando nos interesa a todas somos capaces de lo imposible.

Por cierto, con esto de los estados de emergencia, ¿se paralizan también las guerras?