Trabajos, labores y otras formas de vida.

Trabajos, labores y otras formas de vida.

La pregunta del millón: y tú, ¿qué haces?

Del millón de veces, me refiero.
El caso es que estamos/están/estáis/está la gente tan inmersa en la sociedad del trabajo que ha olvidado la, digamos, sociedad de la vida, y es entonces cuando las personas dejan de serlo para convertirse en trabajadoras.


Olvidamos hacernos preguntas fundamentales para la felicidad pero es importantísimo saber qué trabajo desempeñamos, cuánto cobramos, qué tal nos va el pago de la hipoteca, a dónde hemos ido de vacaciones, cuántas semanas de vacaciones hemos tenido… ¡Y cuán duro hemos trabajado para tener todo eso!. Y cuanto más duro, mejor, porque el trabajo dignifica. Dicen.
Si así fuera mi dignidad habría sido cambiante: camarera en lindes tan dispares como un camping o una plaza de toro, reponedora, cajera de supermercado, limpiadora de casas particulares y también de apartamentos turísticos, ayudante de cocina, taquillera en cines y teatros, acomodadora, entrenadora de baloncesto, dependienta, captadora de socios, técnica certificadora, cliente sorpresa… Y seguiría siéndolo, porque estar tengo que estar a varios frentes y de vez en cuando ceder tiempos.
Pero no, ninguno de esos trabajos me hizo ganar o perder dignidad… Y lo cierto es que todos me aportaron algo, además de dinero y a pesar de haberlos podido detestar o disfrutar en diferentes medidas. Y sé que puedo volver a desempeñarlos, esos y los que se me pongan por delante, pero sé también que no quiero, que cada vez que los necesito hay una parte de mi que pierde… que pierde tiempo y por tanto pierde vida.
Ahora no puedo responder a la pregunta del millón de forma sencilla (y satisfactoria para la mayoría de la gente) con un: media jornada, salario mínimo. Ahora me cuesta responder porque poca gente entiende la respuesta. Vivo. No solo digna sino felizmente. No tengo horarios establecidos más que por mí misma, ni objetivos concretos a pesar de que pase muchísimas horas haciendo lo que yo considero mi trabajo (aunque no siempre esté remunerado). No tengo sueldo fijo, jefes, oficina en la que fichar, hora del café o “días personales”. Y por no tener estas cosas siempre habrá gente que piense que no “trabajo” o que no tengo “trabajo” (que siendo cosas muy distintas, confundimos fácilmente)
Sin embargo vivo, vivo feliz y trabajo mucho. Y en mi vida, mi trabajo se parece a mis vacaciones, mi tiempo es siempre libre. Esta es la mayor dignidad a la que puedo aspirar.

Detrás hay esfuerzo, pasión, momentos buenos y malos, bajones económicos, sequías de ideas, crisis personales, resultados regulares. Incertidumbre. Miedos ajenos que esta sociedad se empeña en proyectar sobre nosotras. También hay momentos de dudas en que las necesidades económicas se posicionan frente a las vidas que nos importan. De esas dudas se sale recordando que la vida tiene que estar en el centro, más allá de las teorías. ¡Que viva la práctica!