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Gustos, "me gusta", tweets y retweets. El tren de la libertad y otras ruedas.

Sucede que nos cansamos de nuestra pobre capacidad para entender realidades ajenas. Me incluyo en el "nuestra" entendiéndome parte de la humanidad y consciente  de mis propias limitaciones en el campo. Esa identificación con el prójimo es precisamente una de las bases de esa humanidad y también una de las metas de muchas creaciones artísticas. Aún así el identificarse con realidades "lejanas" durante apenas unas horas no va más allá de eso, del acercamiento al que asistimos como espectadores pasivos (imprescindible e importantísimo, pero limitado). Decía el otro día Montxo Armendáriz en el radiofónico "El séptimo vicio" y con respecto a este medio (al séptimo, no al radiofónico), que parece que quizás el mero hecho de ver una película en torno a esas realidades ajenas se nos acabe por antojar una suerte de activismo, que viene de acción y que poco tiene ver con la pasividad. Pasa un poco como con las redes sociales, colgamos noticias, comentamos noticias, nos indignamos colectivamente con algunas de esas noticias, le damos a "me gusta" y cuando apagamos el ordenador nos sentimos de algún modo realizados como indignados héroes del micro mundo cibernético. Y no.

Si bien es cierto que el uso político, propagandístico y publicitario en general del cine, por centrarnos en un formato, se ha venido empleando desde su mismo nacimiento y ha sido catalizador de masas, origen de realidades ya históricas o fruto de modas pasajeras, la pasividad intrínseca del espectador ante una pantalla difícilmente desemboca en acciones independientes, entiéndase, no impulsadas por el discurso gramático de la película, sino por su historia temática y nuestra interacción personal con ella. Es posible que después de ver el "Blade Runner" de Ridley Scott queramos tomarnos una Coca-Cola (publicidad poco encubierta), pero al salir de ver "The Coca-Cola Kid" de Dušan Makavejev (realidades ficcionadas) no nos planteamos si sería mejor para el mundo dejar de tomarla... y la pedimos en el bar de la esquina, una franquicia cuyos beneficios acaban en la cuenta bancaria del mismo señor que controla el periódico que hay en la barra y que es íntimo amigo del que le gestiona la cuenta en el paraíso fiscal que gobierna un demócrata liberal cuyos pactos con el dictador de turno le reportan enormes beneficios para su "país". Fronteras, países, patrias, "tu patria son tus amigos" diría Federico Luppi bajo la dirección de Aristaráin, y los amigos no entienden de fronteras, digo yo.

Pero aún entendiendo sus limitaciones, el cine o las redes sociales no dejan de ser catalizadores alimentados por aires de movilización social y de transformación cultural y política. No sólo dando cuenta de la historia sino que también actuando como fermento de ella. Hay ejemplos nefastos como las producciones de la UFA nazi, hay ejemplos tristes como el servilismo de Hollywood para con el Pentágono, los hay interesantes como el cine de propaganda soviético de la mano de grandes renovadores del lenguaje audiovisual como Eisenstein y los hay inspiradores, como las nuevas olas europeas o latinoamericanas. Para todos los gustos.

Pero volvamos a las redes sociales porque fue de ellas que surgió la necesidad de reflexión a grandes rasgos plasmada en este artículo. Resulta que un periodista de Radio Nacional tuiteó que un cortometrajista se felicitaba por las descargas, porque así conocía "más grupos y pelis", y a continuación decía que a sus 30 años este cortometrajista volvía a vivir a casa de sus padres. Relacionar el hecho de que una persona de 30 años, en este país (en este mundo), tenga que volver a casa de sus padres con la felicitación que éste se hacía por las numerosas descargas de uno de sus cortos (entendamos de visionado y descarga gratuita a través de algún servidor), resulta cuando menos un poco demagógico, algo irresponsable y bastante alejado de la realidad social en que vivimos inmersos (la mayoría, no todos)

Lo cierto es que hay miles de personas haciendo cosas interesantes en el mundo del audiovisual, y de la creación en general, a día de hoy. Esas personas, en su mayoría, comparten sus obras en internet, generalmente ofreciendo su visionado gratuito y muchas de ellas también con la opción de descarga. A algunas de esas personas les gustaría vivir de hacer ese trabajo. A algunas otras no. Las primeras, además de compartir, promocionan. Y he aquí que os dejo mi reflexión personal, en forma de entrada de blog, así, la red articula de nuevo ideas a través de fragmentos que pueden pasar a ser parte de un todo: http://carmenpggranxeiro.com/blog/arte-por-amor-y-otra-formas-de-dignificar-tu-vida-.html

No voy a hablar de los beneficios sociales, culturales y educativos de licencias como las creative commons, tampoco voy a hablar de la SGAE, de los cánones, o de los arrestos en Pirate Bay, ni de la ya habitual práctica de arrancar trozos de paredes con graffitis y venderlos en galerías de arte, por supuesto sin permiso de sus creadores. En general para tratar este tema me quedo con el documental de Stephane Gruesso, "Copiad, malditos, copiad", el primero con licencia creative commons, que trata precisamente sobre estos temas, y emitido por nuestra televisión estatal (nótese el "nuestra", adjetivo ya difícilmente aplicable)

Hay algo en la creación más allá de las ambiciones sociales y/o económicas. Si no lo hubiese ni este periodista ni ningún habitante de esta realidad espacio-temporal podría ver la obra de Modigliani, que murió pobre y tuberculoso, o la de Monet, la pintura de Gaugin se hubiese quedado en el parqué de la bolsa, trabajo que dejó para vivir en la más absoluta austeridad, y de hecho el impresionismo podría no haber existido, con ello probablemente el expresionismo no habría sido lo que fue y a su vez el neorealismo italiano de filmes como "Alemania, año cero" de Rossellini, no hubiese influido como lo hizo en el cine contemporáneo. Al igual que las aportaciones recíprocas entre las distintas disciplinas artísticas las hacen crecer y evolucionar, las aportaciones personales al mundo nos permiten avanzar y mejorar. Sin la rueda no hubiésemos sido quien de construir pirámides, sin Strindberg no sería lo mismo el cine de Bergman.

Y el todo se puede desfragmentar y recomponer. Infinitamente y cada vez con nuevos resultados. Una variedad inalcanzable en la soledad del copyright, imposible en el reducto de lo "rentable".

Los fragmentos y el cine nos podrían llevar a Godard, pero "El Tren de la libertad" se antoja un ejemplo edificante, de actualidad y especialmente importante para mi, como persona y mujer. Esta película se enfrenta a un gobierno neo fascista y por tanto también machista. Se enfrenta no solo a nivel temático sino también formal, partiendo de un sistema de producción ajeno a la industria, generado íntegramente por personas feministas y dirigido por las mismas mujeres que ven sus derechos restringidos por estas políticas gubernamentales. Se lo debemos a más de sesenta profesionales del audiovisual que, a partir de un correo-e de la cineasta Chus Gutiérrez, articularon en apenas unas horas una película para documentar la llegada de ese tren a Madrid, la luchar por los derechos de todas. Construyendo un relato colectivo cuyos objetivos políticos están muy por encima de cualquier moneda.

Esas mismas monedas que sí articulan a un gobierno que baja el IVA del mercado del arte al 10%, mientras mantiene el 21% del IVA de la cultura. Dejando todavía más claro para quiénes y porqué gobiernan. Para los que pueden comprar arte, cual inversión financiera, y no para los que la desean como bien común, como necesidad educativa, social y evolutiva. Para aquellos que comercian con trabajos ajenos y con el objetivo único del lucro, y no para quienes aportan a la construcción colectiva del mundo. Está muy bien bajar el IVA del arte pero está muy mal hacerlo únicamente por razones neoliberales, está muy bien si incentiva que los artistas puedan (sobre)vivir de su trabajo pero no si lo único que busca es reactivar un mercado de intermediarios. Estaría muy bien si las razones fuesen las correctas, porque las razones correctas llevarían a un IVA reducido para la cultura, la de todas, la compartida, la que nos hace lo que somos.

 

La mitad de la cuesta, montones de cosas y otras formas de arte.

Arrastrando bolsas vacías cual Cristo de Banksy, mediada una "cuesta" que hace honor a todas sus acepciones en el diccionario de nuestra vetusta Academia, llegamos así al vergonzoso momento de analizar nuestras "sobras". Sobras que emanan fruto de omnipresentes imágenes de ideales de belleza inalcanzables (por inexistentes) y cuya dañina influencia trata de revelar la obra de la artista francesa ORLAN, a través del uso de elementos clave de la cirugía plástica.

En fin, que lo que nos ocurrió fue eso que decía Barbara Kruger en su "I shop therefore I am", afectados por un virus colectivo navideño hemos sido los nuevos Hamlet del mundo. Y ahora, con montones de cosas acumuladas, cuyas funciones se repiten y se solapan, solo nos queda explorar métodos de reutilización o directamente de desecho (yo abogo por la prohibición de estos últimos) No debemos olvidar las posibilidades creativas que ofrecen los "montones de cosas", como los montones de basura iluminada que crean sombras con formas humanas, esculturas de Tim Noble y Sue Webster, o el montón de 175 libras de caramelos que el artista cubano Félix González-Torres exhibió en Nueva York como metáfora del peso ideal que su médico le marcó al ser diagnosticado de VIH. El público podía coger caramelos, el montón se hacía más pequeño... hasta que este artista, que formó parte del Group Material, comprometido con el activismo cultural y la educación comunitaria, murió finalmente en 1996. Desapareció pero, al igual que sus caramelos, nos dejó mucho arte para paladear.

Con montones de residuos, de basura o de periódicos (es cierto que los dos últimos términos pueden ser considerados uno solo en muchos casos) el alemán HA Schult lanza sus mensajes preocupados al público. Acérrimo defensor del medio ambiente tiene claro que "el arte no puede hacer políticas, ni química, ni medicina. Pero los espectadores de arte sí pueden". Su compromiso artístico y social lo llevó a la cárcel cuando a finales de los sesenta cubrió de desechos una calle de Múnich, pero hoy pienso en él como el creador de mil figuras de hojalata de un metro y medio, "Trash people" (porque sí, fueron creadas con residuos) Si bien es cierto que "Los guerreros de terracota" son un conjunto de ocho mil figuras, cabe destacar que ni su origen intelectual ni su realización tienen nada que ver con la obra de Schult ni con las ingentes cantidades de desperdicios generados por el ser humano. Fenómeno muy moderno, el de los desperdicios, que podemos achacar a la obsolescencia programada, al consumismo voraz y a decenas de carencias (educativas, ambientales, sociales) que nos convierten en nuestro peor enemigo.

Este fenómeno solo es posible gracias a la mecanización y digitalización de los procesos de producción, y por ello un novedoso hecho en la historia del arte, tanto en lo que a temática se refiere como en cuanto a su influencia en los soportes empleados. Son precisamente los nuevos soportes los que facilitan todavía más la mercantilización del arte (que siempre ha existido), y es en contraposición a ello que nacen formas de creación como la performance. Así, se convierte la creación en un hecho efímero, no comercializable, aunque sean estas sus cualidades más olvidadas y pervertidas. La perversión no adquiere en este caso una connotación únicamente negativa y es gracias a ella que podemos disfrutar de las bondades democráticas de la tecnología con acciones artísticas grabadas, el street arte llevado al cine o la reproducción en serie aplicada en el Pop Art. Y a pesar de que la reproducción de una performance no es, ni de lejos ni de cerca, comparable a su vivencia in situ, algunas de ellas dan muy bien a cámara. Para ilustrarlo nada mejor que rememorar a la actric ucraniana Milla Jovovich encerrada en una estructura transparente de plexiglás, interpretando en medio de la calle a una perfecta compradora vía internet, recibiendo sus compras a través de orificios que comunicaban su interior con el exterior. "Una mujer normal ve más de 3.000 anuncios al día consciente o inconscientemente y empleará tres años de su vida viendo anuncios en la televisión" comentaba la creadora de dicha obra,  la estadounidense Tara Subkoff. Esta obra se pudo ver en la 55 Bienale de Arte de Venecia y se puede ver hoy día a través de internet. El tiempo y la permanencia en él es tema para otro artículo, en el que quizás podamos abordar a Tarkovski para esculpir cada segundo y cada palabra.

Volviendo a las nuevas formas de arte cabe mencionar el trabajo de 1936 del filósofo Walter Benjamin, en que las elogiaba considerando que la reproducción en masa contribuía a la emancipación de humana promoviendo nuevos modos de percepción. Defendía lo democrático del cine, que otros filósofos denunciaban como burda forma artística de masas, precisamente elogiando su capacidad para llegar "a todo el mundo". Algo similar a lo elogiado por Benjamin se encuentra entre las raíces ideológicas y artísticas del Street Art, que busca al más heterogéneo público, llegando incluso a aquel que no lo busca o a quienes ni siquiera lo respetan. No estoy promoviendo aquí las pintadas improvisadas y carentes de interés de algunos que se quieren considerar graffiteros y no lo son, pero sí defiendo y ensalzo el trabajo de grandes creadores, muchos anónimos y otros famosos (anónimos también en gran parte) como el ya citado Banksy o el ex-trabajador de la industria de la publicidad, Vermibus. Este último, cansado de esa industria cruel, abandonó las mentiras y se armó de pinceles y agentes corrosivos para deformar imágenes publicitarias y sus falsos ideales de belleza, en plena calle, directamente en los soportes empleados para la publicidad, creando nuevas y críticas formas que llegan a cualquier transeúnte (si no directamente, a través de la plasmación de estas en formatos digitales, fácilmente exportables, descaradamente democráticos)

Parece que ya me pierdo entre tanto (falso) ideal e imagen, como si la predicción de Braudillard se estuviese materializando... la desaparición de la realidad y nuestra absorción en las pantallas en la era del ciberespacio, cual película de Cronenberg mis más tecnológicos miedos me llevan a preguntar... ¿qué tal estáis por ahí? ¿seguís delante de la pantalla? ¿o estáis quizás dentro?

 

Vaginas florales, lOs feministas y lAs gorilas... historia del arte y el arte de la historia.

Mientras en 1994 Judith Bamber presentaba su "Untitled #1", óleo sobre lienzo, en que un plano detalle de una vagina componía la totalidad de la alargada obra, en el mundo cientos de mujeres eran sometidas a una ablación de clítoris, miles de personas del sexo femenino sufrían malos tratos y la práctica totalidad de las mujeres vivíamos bajo un sistema patriarcal sustentado por, entre otras cosas, la publicidad y todos los medios creativos que en ella se emplean.

Cuando Georgia O´Keefe recurría a las flores para representar esas mismas vaginas, coloridas composiciones que se expanden desde su centro como símbolos de la fertilidad y de la vida, sabía que solo unos años atrás, hasta 1893, en las Academias de Arte la entrada a la clase de dibujo desnudo estaba prohibida a las mujeres. Los caballos de Rosa Bonheur, que tuvo que pedir un permiso especial para vestir pantalones y acceder así a ferias de ganado y establos en los que tomar apuntes para sus obras, son quizás la anécdota positiva de tal prohibición. Así, la simbología del cuerpo femenino desnudo pasaba a formar parte de una reivindicación política, sociocultural y artística, que habría de luchar contra las imposiciones sociales sobre el cuerpo de la mujer, ensalzando los órganos sexuales femeninos como emblemas metafóricos de esa liberación. El cuerpo femenino, hasta entonces apreciado en el mundo (del arte) a través del uso que el hombre hacía de él, se convertía en un medio imprescindible para derrocar ese papel pasivo, encumbrando a la mujer (creadora) como interlocutora activa y sacando a la luz pública de los museos, de las galerías, de los libros o de la calle, temas como las violaciones, la violencia de género, la diferencia salarial o el racismo. Porque siendo minoría en la historia (del arte), que no en la población, el movimiento feminista se preocupa igualmente por las reivindicaciones raciales y sociales que parecen no competer al patriarcado económico y político.

El papel activo de la mujer en cuanto a la creación no hubo de esperar, ni mucho menos, a la expansión del movimiento feminista de los 70, aunque es cierto que hasta su aparición y posterior trabajo reivindicativo, muchos nombres relevantes fueron desterrados tanto de enciclopedias como del conocimiento popular, sesgando la información, censurando la realidad y controlando la historia. Tomemos por ejemplo la literatura, en la cual difícilmente se pudieron obviar/olvidar los versos de Sapho, una mujer que cantó a la belleza femenina en la Grecia clásica y que, habiendo nacido en la isla de Lesbos, dio nombre a toda una identidad sexual, el lesbianismo. Sobre lesbianismo versa también una novela publicada a finales de los años 30, en que se narra la historia de una mujer desde su vano intento por escapar a los sentimientos lésbicos que alberga hasta su toma de conciencia política como mujer homosexual,"Diana" tuvo que ser publicada bajo seudónimo y nunca ha sido desvelado el nombre real de su escritora, conocida como Diana Frederics. Precisamente el ámbito más represivo, el sexual, será también el primero que desafiar a partir de los 70 y desde la perspectiva del nuevo feminismo, obras literarias y filosóficas de gente como Gertrude Stein, Virgina Wolf o Simone de Beauvoir, serán una base a partir de la cual proseguir el trabajo común frente a la opresión sistemática.

Ni siquiera medios artísticos tan recientes como la fotografía o el cine se libran de la visión estandarizada. Si por todos es conocido Frank Cappa, hasta hace bien poco la obra de Gerda Taro permanecía en un olvido histórico del que ahora, en medio de esa lucha por la restauración histórica del papel de la mujer en el arte, parece estar saliendo a través de artículos periodísticos, exposiciones y catálogos de los mismos medios, museos y galeristas que siguen cerrando las puertas a la obra de mujeres por el hecho de serlo. Incongruencias temporales. Este mismo año Iciar Bollaín recordaba en una entrevista hasta qué punto nos alarmaríamos si el porcentaje de directores de cine fuese tan bajo como el de directoras... ¿qué cojones pasa que no nos alarmamos? ¡cuántos ovarios desaprovechados! Que ni en el cine ni en la fotografía, medios del S.XX, hayamos sido capaces, como sociedad, de superar la supremacía de un género, de una raza y de una sexualidad, dice mucho del poder patriarcal, ejercido  también por mujeres, y de su peso en todos los aspectos históricos y sociales.

Precisamente tomando como punto de partida la estandarización de la mujer en el cine, Cindy Sherman evoca en sus autorretratos fotográficos distintos estereotipos (que no personas reconocibles), a partir de los cuales reflexionar sobre la representación de la mujer y los roles femeninos en el séptimo arte y en la sociedad. Son los de Sherman "fotogramas" creados a partir de la realidad de una ficción y es precisamente un fotograma el que emplea Deborah Bright para rehacer una escena que podría ser extrapolada a otras miles. La obra "Untitled" de la serie "Dream Girls" recoge un momento de la película "Desayuno en Tiffany´s" en que Audrey Hepburn pide a George Peppard que le encienda un cigarrillo, y que ha sido intervenido con una fotografía de la propia Bright que, metiéndose en medio de los dos protagonistas reales de la película, enciende el cigarro de una Holly Golightly que en la obra original de Capote se nos antoja bastante más sexual y alocada que en la adaptación cinematográfica.

La mujer de Jacques Rivette... la mujer de ¿? ¿cómo? Yo en todo caso hablaría más bien del marido de Agnés Varda, sin embargo parece que el ejemplo no cunde y la fórmula habitual es la primera. En cuanto a esta gran cineasta, abuela de la nouvelle vague, de la que de hecho se puede considerar iniciadora con su filme " " , cabe recordar que su maestría estuvo siempre espléndidamente conjugada con su militancia política. Una mujer consciente de sí misma y de su contexto, que fue exponente del feminismo entendido como un movimiento múltiple, reivindicativo y congruente con la realidad del sexo femenino en las sociedades del S.XX. Múltiple porque Agnés Varda fue siempre consciente de la diversidad de caminos posibles en la lucha por la igualdad, así los muestra en películas como "Une chante, l´autre pas", en que fue capaz de abordar, desde un metraje tan entretenido como interesante, temas por aquel entonces (y parece que ahora de nuevo) tabú, el aborto, las desigualdades sociales y salariales, la mujer en la sociedad oriental, la maternidad... la maternidad o su ausencia voluntaria.

Si de madres hablamos recordemos el apoyo que a Fanny Mendelssohn Hensel le brindó su progenitora. Consiguió que su hija tuviese los mismos estudios musicales que el hermano de esta, aún cuando no era lo más habitual ni lo mejor visto. Por desgracia Fanny Hensel, como ha pasado a la historia, no tuvo la misma suerte con su hermano, quien evitó que publicase su obra aludiendo a lo inapropiado de que una mujer así lo hiciese. Y es que Felix Mendelssohn no fue feminista. Aún hoy en día una gran parte de las personas de género masculino, y otras tantas del femenino, no se consideran feministas. Nos encontramos aquí con una incongruencia, una carencia educativa (en cuanto a desconocimiento del significado) o una falta absoluta de respeto por el género humano (que es también una carencia educativa y que está además fomentada).

La falta de respeto llega en primer lugar desde las instituciones y en el mundo del arte son los museos las más importantes. En 1985 nacen en Nueva York, para hacerle frente de manera pública, las Guerrilla Girls. Una de sus acciones más famosas consistió en la cartelería que rezaba: "¿tienen que estar desnudas las mujeres para entrar en el Museo Metropolitano de Arte?, un 5% de los artistas son mujeres, un 85% de los desnudos son de mujeres".  

¿por qué importa tanto que representantes de Femen se desnuden por voluntad propia y para luchar por los derechos de la mitad de la población, y sin embargo nadie se plantea la cantidad de mujeres desnudas que, pintadas por hombres, son expuestas como objetos pasivos? Incongruencias atemporales.  

 

Artistas que comen aire, enlatan mierda y pintan billetes.

Hay excepciones históricas y geográficas pero el arte, en términos generales, no ha conseguido nunca escapar del mercado, es decir, del dinero y del poder. Es bastante paradójico si tenemos en cuenta la cantidad de artistas que, no consiguiendo aplicar técnicas cual la multiplicación de peces, han muerto en precarias condiciones económicas. Lo que es peor, han muerto siendo víctimas de una feroz infravaloración social inversamente proporcional a su posterior revalorización mercantil.

En algunos "homenajes" póstumos se han obviado tales circunstancias en pro de lo bucólico que no existió en sus realidades, un ejemplo reciente podría ser el  personaje inspirado en Méliès, que se muestra felizmente anciano y retirado del celuloide en la que es, para mi, un fallido filme a nivel narrativo que sin duda puede alardear de una magia visual con toques maestros dignos de Scorsese. El verdadero padre de los efectos visuales, George Méliès, murió deambulando como mendigo, víctima de sus propias producciones, esas que ahora se restauran con esmero y son conservadas como tesoros en las filmotecas. Llegadas a este punto no sería justo dejar que este ejemplo concreto de seudo biopic sirviese para generalizar sobre los retratos cinematográficos del arte y las artistas. El celuloide siempre se ha visto atraído por estas temáticas y hay muy diferentes tratamientos de las variadas realidades, el director francés Martin Provost retrató la vida de Seraphine de Senlis de una manera fielmente irónica y cruda, como lo fue la realidad de esta mujer. Una artista que fabricaba sus propios colores con pigmentos que elaboraba a partir de elementos vegetales recogidos entre trabajo y trabajo como criada. Una mujer que vio reconocidas y pagadas sus dotes y que, precisamente víctima de ello, se volvió loca. Sus cuadros se pueden ver en los mejores museos del mundo, su vida en una pantalla.

Uno de los más ejemplarizantes casos de genios no reconocidos en la historia del arte es el de Vincent van Gogh, un hombre que revolucionó la concepción de la pintura pero que a duras penas sobrevivió por si mismo en una sociedad que, en su mayoría, no supo apreciar su trabajo. Ese mismo trabajo que llegó a alcanzar los 53´9 millones de dólares en una subasta realizada en el año 1987, con un lienzo titulado "Iris". Es irónico así mismo que un hombre preocupado por las diferencias socioeconómicas, que hizo imprimir con ayuda de su hermano Thèo veinte litografías de "Los comedores de patatas" para vender a precios muy asequibles a gentes de su alrededor que, además de tema, pasaban a ser público, se haya convertido en una figura capaz de vender cualquier tipo de merchandising, sostener varios museos, lanzar una y otra vez ediciones de las famosas "Cartas a Thèo"... y hacer extremadamente ricos a herederos e inversores, enfatizando aquello que tanto odiaba.

Pero si de arte hablamos, hablemos de mecenas, coleccionistas y cuadros de Picasso que cuelgan en cuartos de baño. Como dijo John Dewey en 1934, "en términos generales el coleccionista típico es el capitalista típico", y así lo ha sido desde antes incluso del tristérrimo nacimiento del capitalismo como sistema económico, político, social, cultural, alimentario... Los ricos coleccionan arte para mostrar su "rango" cultural, una forma bastante pobre de hacerlo, por seguir con las ironías. Las grandes empresas invierten grandes cantidades en eso que llamamos diplomacia cultural y así acabamos tal y como se había empezado. Recordemos la exclusividad de los primeros museos, cuyas visitas eran social y económicamente muy restrictivas, y pensemos ahora en las limitaciones impuestas en este tipo de instituciones, financiadas por dinero privado, a la hora de decidir qué exponer o no, a quién exponer o no. Ya sabemos cómo funcionan las inversiones, sea cual sea su producto. El objetivo principal, y en muchos casos único, es la consecución de una suma mayor a la invertida, lo cual implica exigir exhibiciones (mejor en este caso que el término "exposiciones") cuya afluencia y precio de entrada satisfaga tales objetivos, en detrimento de la calidad, de la variedad, del significado histórico y sobre todo de los nuevos talentos que se quieren establecer como creadores y no como vendedores.

Hablando de formas de limitar la exposición de arte y de artistas, una censura como otra cualquiera, acabo de recordar otra igual de actual e histórica, la censura religiosa. Históricamente está bien documentada pero deberíamos de recordar algunos de los más actuales ejemplos, como el que afectó al argentino León Ferrari y una retrospectiva de su obra en el Centro Cultural Recoleta de Buenos Aires, atacada por el actual sumo pontífice de los católicos que consiguió su objetivo obligando a los comisarios a cancelar temporalmente la exposición, solo reabierta tras un proceso judicial. Y de la mano de la religiosa nos encontramos con la política, que sin ir más lejos se manifiesta recientemente en este estado a través de la feria ARCO y de la Fundación Francisco Franco, que consiguió sentar en el banquillo al escultor Eugenio Merino por esa irónica (y realista) obra que situaba al dictador en una nevera. Las denuncias, las presiones y la falta de tacto, no hicieron más que demostrar lo necesario de la obra de Merino, su actualidad.

En fin, que no me extraña que haya artistas que se decidan a enlatar su mierda (una manera tremenda de criticar la valoración económica de las creaciones artísticas y que Piero Manzoni vendió al precio del oro), a pintar billetes tan realistas que puedan ser empleados en cualquier transacción económica común (J.S. Boggs ha tenido por ello algún que otro problema con las autoridades de su país, aún no utilizando con este fin penado sus obras) o incluso a comer aire (Frida Kahlo escribió en su diario "pies para qué los quiero si tengo alas para volar")... lástima que todavía quede un alquiler por pagar, una energía solar que... sin comentarios... ¡y luego son las artistas las que están locas!

Lo cierto es que la creación libre, el arte liberado y las creadoras que haciéndolo puedan vivir dignamente, solo serán posibles cuando como sociedad hayamos superado los sistemas económicos no sociales. Mientras tanto unos pocos elegidos (bajo criterios muchas veces criticables) serán quien de trabajar libremente y como sociedad seguiremos perdiéndonos a van Gogh´s potenciales. Con una renta básica universal seríamos un mundo mucho más rico... y artístico. Ahí queda. Seguro que las propuestas económicas de Christian Felber  nos pueden deparar un mundo colorista.


Este artículo es absolutamente prescindible pero se titula "La obesidad cultural" y lo firma una lesbiana.

 Hubo un tiempo en que la producción cultural masiva me producía cierta angustia creativa. Para empezar me encontraba rodeada de objetos materiales que, pensaba, llegarían a saturar el mundo, y, aunque las ideas se me antojaban deliciosamente intangibles, me preguntaba hasta qué punto serían asimilables. Llegada a cierta edad quemé mis libretas, no sé si debido únicamente al pudor o impulsada quizás también por un afán de sostenibilidad que ahora veo, hubiese estado mal encaminado.

 Lo cierto es que la producción industrial, a día de hoy y de manera consciente y meditada, me produce también angustia, aunque esta vez de tipo vital. El consumo exacerbado promovido por este sistema económico que, desde el principio, invadió lo social, lo cultural y, sin duda alguna, lo político, provoca obesidad mórbida y muertes por inanición. Y mientras se beben miles de litros de Coca-Cola (lástima que la publicidad negativa sea también positiva a nivel comercial... caca-caca) que han derrochado muchos miles más de litros de agua incluso en lugares en que esta es un bien escaso, muchas miles de personas ven decenas de capítulos de series semanales, escuchan cientos de canciones, leen miles de palabras... los cuerpos engordan y las mentes... ¿y las mentes?

 El consumo masivo de cultura nos convierte en mentes hambrientas pero muchas veces también en seres irreflexivos. Y engordamos a base de grasas, a base de productos nefastos equiparables a alimentos de origen transgénico, nos empachamos, vomitamos y seguimos comiendo. Permitimos mutaciones mentales y olvidamos. Olvidamos los paladeos que degustan con satisfacción la magia de una secuencia bien llevada, de una historia melancólica basada en hechos reales, la sinceridad de un alegato convertido en canción. Olvidamos que detrás de una producción cultural hay (no siempre) algo más que un producto. Paradoja: engordamos pero morimos de inanición.

 Supongo que en parte fue esa "alimentación" cultural la que me abrió los ojos y me permitió ver más allá de la angustia que coartaba mis ansias creativas como adolescente. No recuerdo el momento, ni la reflexión que lo acompañó pero me puedo aventurar a pensar que fue en la biblioteca o  quizás en un ciber descubriendo la incipiente Alejandría universal. ¿Dónde estaban entonces las lesbianas del mundo? No aparecían en televisión, a duras penas encontraba una novela cuya protagonista fuese una mujer homosexual  y a los cines de mi ciudad nunca llegó ese clásico lésbico de 1994, Go Fish, que es una gran película premiada en varios festivales internacionales. Mi realidad sexual me liberó de mi angustia, había mucho que contar, mucho tiempo que recuperar, el mundo necesitaba de creadoras que retratasen las realidades silenciadas, de cultura y también de productos culturales que devolviesen su lugar en la historia a las minorías denostadas por una supremacía políticamente interesada, que controló durante muchos siglos y con un poder hegemónico también el mundo cultural (y claro, excepciones las hay, salvando la dignidad de la raza humana y por suerte para todas)

 Y ahora, lejos de pretender una obesidad cultural inútil me propongo promover (o al menos aplicar en mi vida) una absorción intelectual digna de las creaciones, me dejo hacer e incluso almacenar de manera ordenada, respeto mis libretas e imagino un mundo repleto de otros mundos, de otras verdades y de otras mentiras. Pero deseo sobre todo un mundo culturalmente diverso, carente de "targets" y en que cualquier heterosexual haya visto tantas pelis con protagonistas gays como yo las he visto con protagonistas heterosexuales.

 Pero en fin, esto es solo otra acumulación de palabras en otra revista cibernética, es, tal y como su título indica, absolutamente prescindible y puede que incluso potencialmente dañino para tu salud... pero yo avisé y de este último punto no me hago responsable, te toca a ti como lector decidir entre masticar o tragar (si es que desde un principio no te has decidido a cerrar la pestaña del navegador, acto muy lícito que te puede haber llevado a utilizar tu tiempo de una manera más PRODUCTIVA).

Lágrimas Blancas.

Año de publicación: 2011

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