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No soy Abolicionista

21/12/2018

El documental Benvidas ao Club está desde hoy abierto en mi web y con posibilidad de descarga después de haber sido estrenado por el Diario Público, en cuya plataforma de tv todavía se puede ver. A raíz de este trabajo sobre la Operación Carioca, la mayor investigación sobre la trata de mujeres con fines de explotación sexual del estado, me han llegado mensajes muy variados a través de distintas redes y escritos desde distintas sensibilidades.

Es evidente que este trabajo lo he hecho porque estoy en contra de la trata de personas (sea cual sea el fin), en contra de la prostitución coactiva y en general de la violencia machista.

Yo no soy abolicionista.

El abolicionismo es un gran saco en que trata, prostitución, pornografía, terapias sexuales o líneas de teléfono eróticas se juntan bajo un gran paraguas que dice no a todas por igual y en sus múltiples diferentes desarrollos. Yo personalmente digo no a la industria del porno que esclaviza a las mujeres pero no a Erika Lust, por ejemplo. Al igual que digo no a la trata y explotación laboral en la industria textil de Amancio Ortega, sin tener que decir no a toda producción textil. Argumentos hay de sobra para defender cualquiera de las posiciones, me gustan algunos argumentos abolicionistas y otros no, lo mismo me ocurre con los de tantas otras perspectivas, porque evidentemente el binarismo tampoco aquí representa las realidades. Son argumentos, teoría. Sean políticas, sociales o económicas sobre el papel hay muchas que me gustan y cuyos diversos desarrollos prácticos, sin embargo, me producen rechazo, así es la vida, así es la Historia. En la práctica he conocido experiencias de personas en situación de prostitución en situaciones muy diversas, casi opuestas, experiencias de las que mi sentir personal ha ido forjando naturalmente una sensación de diversidad de realidades que no veo reflejada en el abolicionismo, diría que incluso más bien la veo atacada por este en algunos sentidos.

Yo soy feminsita.

A veces me da la sensación de que algunas personas, desde el abolicionismo, se declaran estandartes del feminismo, El Feminismo. Personalmente me parece contradictorio, hay muchas formas de abordar el feminismo, muchos sentires y muchas realidades. Es precisamente la capacidad de aliarse, de entenderse, de respetarse y empatizar, la que hace de éste algo tan poderoso al tiempo que necesario. La sororidad solo existe si también las putas entran en la ecuación, los colectivos de trabajadoras sexuales que reclaman derechos laborales, o las mujeres trans, o quienes no se identifican dentro de un sistema binario. En este sentido, creo yo, las redes sociales no han ayudado a escucharnos sino más bien a violentarnos, a atacarnos en apenas 140 caracteres de rabia. Ningún debate medianamente serio cabe en esas realidades acotadas por una programación capitalista y un diseño heteropatriarcal (si, hay redes que facilitan más la comunicación y menos la confrontación)… y sin embargo ahí estamos, guerreando por “tener la razón”, el poder. Invisibilizando formas diferentes de entender la vida, los cuerpos, el sexo y las sexualidades. Obviando realidades y personas en ambos sentidos de la balanza.

Yo sé que no importa lo que yo sea. ¿O si?

Entre esos mensajes recibidos se encuentra un correo-e de una persona que desde el periodismo y trabajando en torno a este tema, me ofrece la posibilidad de participar en algunas charlas o de proyectar mi trabajo. En cuanto le hago partícipe de mi punto de vista fluctuante al respecto de algunos temas y especifico que por tanto no me puedo identificar como abolicionista, muy amablemente esta persona me comenta algunas cosas sobre lo que estima es el funcionamiento de lo que, yo entendí, se refería al negocio del abolicionismo. Porque en el mundo en que vivimos, ya se sabe, en todo puede haber dinero y todo puede ser negocio. Esta persona me comentaba que al reconocerme crítica con el movimiento abolicionista vas a sufrir vetos y demás, ya que hay un sector importante al que le interesa más la promoción y la pureza ideológica que ayudar a las víctimas de estas historias.

Yo no soy antiabolicionista

Y habrá un sector, no lo dudo, pero no me voy a declarar antiabolicionista porque he tenido la suerte de encontrar a un grupo de mujeres que se identifican como tal y con las que, trabajado desde lo que nos une, creo que hemos hecho una aportación positiva de cara a reclamar justicia para las víctimas de la trata dentro del marco de la Carioca. En la práctica, más allá de las teorías. Así que no soy anti. No comparto muchas cosas pero me atrevería a decir que las que comparto son más importantes y nos hacen más fuertes como feministas.

Sabedora de que probablemente haya empleado mal algunos términos o expresiones (pido disculpas por adelantado) y desde la cómoda posición de quien escribe en solitario, lanzo un brindis abstemio por la sororidad y la empatía.

 

Benvidas ao club. from Carmen PG Granxeiro on Vimeo.

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