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La OMS como en 1990.

28/10/2015

La OMS da un paso frente a la Industria cárnica. Guay.

Llega, como siempre, tarde y mal, pero llega, al igual que en 1990 cuando tras años de luchas y reivindicaciones ciudadanas (colectivos LGTB) eliminaron la homosexualidad de la Clasificación Estadística Internacional de Enfermedades y otros problemas de Salud. En 1990 !! Hace nada, yo ya había nacido y ya estaba enferma y luego, sin saberlo, ya me había curado, sin medicamentos ni tratamientos ni nada, solo con goma de borrar.

Tarde, siempre tarde porque los mecanismos institucionales funcionan así, regidos por burocracias, presiones de lobbies, poderes religiosos, gobiernos y empresarios mequetrefes que son muy ricos. Pasa con la mayoría de las cosas importantes y la alimentación es una fundamental que regula además nuestra salud y, por tanto, influye también en los sistemas sanitarios, públicos o privados.
Colectivos por la soberanía alimentaria, activistas medioambientales, profesoras universitarias como Lola Raigón (a cuya charla este año en la Jornadas de Piñel de Abajo pude asistir, antes de la de José Esquinas, miembro durante 30 años del consejo de la FAO, entre otras cosas), gentes normales con nombres que desconocemos llevan años, décadas, contando y argumentando porqué los alimentos procesados INDUSTRIALMENTE sobre todo, son dañinos para nuestro cuerpo. La OMS, de momento, no sabemos muy bien si va a hacer la jugada de meter todo tipo de procesado y producto o realmente se va a mojar poniendo sobre la mesas una realidad que es sencilla de probar.

La industrialización masiva y agresiva de la industria alimentaria es la que mata, los miles de conservantes, saborizantes, procesos industriales de conservación (vivir con una que estudió la ingeniería técnica agrícola, especializándose en industrias alimentarias… en fin, da como para flipar mucho), adictivos y aditivos varios. Quien quiere se puede informar, ver documentales, cámaras ocultas en fábricas de comida, testimonios de ex trabajadores de las industrias varias que asolagan el planeta y un largo etc. Quien quiera.
Sin embargo he escuchado un par de conversaciones ayer por la calle que me han dejado claro que poca gente quiere. Y que lo que para mí son hechos, probados en mi cuerpo muchos de ellos,  para la mayoría de la sociedad son nimiedades o tonterías de cuatro chiflados anticapitalistas. Por eso, y solo por eso, digo “guay” a que la OMS por lo menos abra las puertas al debate. Y a partir de ahí el que no quiera cruzar el umbral puede seguir consumiendo pesticidas en la piel de la frutas, herbicidas en cada vegetal, gases conservantes en cada hoja de lechuga de esas que vienen preparadas para abrir la bolsa y comer… la OMS aún no ha dicho nada de los transgénicos, nada del coste sanitario que provocan las grandes industrias con sus fábricas o sus campos eternos de monocultivos, nada de las comidas precocinadas, de los congelados que se cocinan en el microondas o de las inyecciones para engordar animales y vender más peso de carne.

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La OMS, igual que con el tema de la homosexualidad, fluctúa entre el pasado y el presente rancio. El único futuro realista es el que ciudadanía independiente muestra cada día. El de quienes llevan décadas clamando por el cambio climático, que hasta hace poco eran tachados por muchos medios y gobiernos de alarmistas, ecologistas radicales y extremistas. El de quienes enarbolaban un movimiento por la renta básica universal, menospreciado y vilipendiado hasta que se empezó a experimentar con la connivencia de algunos políticos. El de quienes claman por la soberanía alimentaria como fuente de salud personal y global, natural, como base para una economía justa y un desarrollo lógico de los territorios del mundo.
En fin, que hay ciudadanas y ciudadanos a los que deberíamos escuchar más, la historia (la más reciente, la que nosotras mismas vivimos) nos demuestra que son esas personas las que se preocupan por el bien común y no la ONU (los gobiernos del mundo) que avanza mal y a rastras. Hay que escuchar a "los chalados-extremistas-ecologistas radicales". Hay que ponerse el delantal y probar, ya nuestro  cuerpo nos dirá.

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