carmenPGgranxeiro > Blog > Homofobia y aporofobia

Homofobia y aporofobia

7/05/2019

en la espiritualidad hipster también.

Hace ya tiempo que vengo oyendo, a muchos y muchas espiritualmente equilibradas, lanzar al aire comentarios en apariencia inocuos pero sin duda peligrosos. Escribo oyendo porque hasta ahora he procurado no escucharlos, consciente de mi innata tendencia a lo que algunas personas perciben seguramente como crítica excesiva. Del mismo modo he procurado oír antes que escuchar por deferencia ante una forma de afrontar la vida con la que puedo compartir muchas cosas y que en esencia no me parece, o al menos no me parecía, peligrosa. Este es también un momento de autocrítica, si ahora necesito escribir sobre esto es porque en realidad debería de haberlo hecho antes porque ha habido momentos en que he confrontado verbalmente estos comentarios pero la mayoría de las veces he callado pensando que ese esfuerzo me dignificaba, me mejoraba de alguna manera como persona y/o interlocutora. Creo que estaba equivocada. Es cierto que he tenido que esforzarme mucho en mejorar mis formas a lo largo de la vida, me puede la impulsividad y tengo tendencia a la verborrea, sigo aprendiendo, me sigo formando, pero no podemos dejar que ninguna etapa de aprendizaje coarte nuestras capacidades reflexivas y expresivas.


Lo peor de lanzar al aire estos comentarios es que el viento los empuje a nuevas audiencias, que enraícen por su simpleza, su fácil comunicación y asimilación, y que de palabras pasen a hechos. Son sencillos porque apelan a nuestros más básicos instintos y obvian precisamente esas capacidades que de alguna manera a este respecto yo me estaba coartando. Hay mucho escrito a este respecto y no me quiero repetir, pensemos en la capacidad de arraigo de muchos mantras fascistas, en las medias verdades, en los mitos (que me recuerdan al último libro del neurocientífico Francisco Mora, porque también existen en los ámbitos científicos, claro)

Uno de esos comentarios aporofóbicos que se escucha a menudo se podría resumir en una frase como “al final todo lo que necesitas te es dado si sabes cómo recibirlo, hay que estar en equilibrio y abrirse al universo para que el universo te provea” Y esto implica que si eres pobre es porque quieres, o porque no sabes abrirte al universo, o porque no meditas lo suficiente. No es broma, es algo que se escucha, o se oye, en muchos círculos de la espiritualidad occidental que bebe de la tradición oriental, a grandes y acríticos rasgos. En páginas o vídeos que algunos gurús explotan (porque  al final la pasta es un tema que toca el alma) es fácil leer también cosas como “el universo es infinito y bondadoso”, una divinización muy habitual en la espiritualidad y un mantra que, aplicado al planeta tierra, nos ha traído a donde estamos: a punto de causar una extinción masiva y habiendo acabado con los recursos petrolíferos en menos de lo que canta un gallo… si, infinita es la paciencia que hay que tener. Y podríamos obviar este tipo de comentarios pero hay que recordar que el viento es aire en movimiento, ¿dónde se hacen?, ¿quién los escucha?. Puede que lleguen directamente a las mismas personas a las que culpa de su pobreza, revictimizando, o puede que lleguen a quien se cruce con ellas y acabe viéndolas con la indiferencia de quien se cree más merecedor, porque al fin y al cabo alcanzar ese equilibrio y saber abrirse de brazos conlleva un trabajo. No me voy parar a hablar de la pobreza estructural o de género, no voy a hacer hincapié en las implicaciones que tiene nacer aquí o allá, blanco o negro. No lo voy a hacer porque quien quiera reflexionar sobre ello tiene palabras y reflexiones mucho mejores y más ampliamente escritas, es una cuestión de voluntad, de capacidad crítica y reflexiva. Desde aquí solo puedo animar a desarrollarla a aquellas personas que alguna vez han caído en la tentación de explicar desde ese buenismo espiritual la compleja realidad del mundo y de nuestras realidades.

Con respecto a la homofobia podríais pensar que habré sido menos benevolente y quizás tendríais razón, una autocrítica más sobre la que trabajar. Sin embargo he de decir que, al igual que con respecto a los comentarios aporofóbicos, alguna que otra vez me he callado basándome en el oír y no escuchar. Creo que esto ocurre sobre todo porque el carácter indirecto de los mensajes y su base seudo espiritual hacen difícil enfrentarlos sin provocar en el grupo una reacción contraria a la deseada, en vez de despertar la deseada capacidad crítica frente a ellos. Y ocurre también por pereza.
Estas espiritualidades lo tienen fácil porque no precisan de pruebas objetivas y al mismo tiempo hay muchas fuentes de las que beber hasta ahogarse, desde diversos movimientos filosóficos y/o espirituales asiáticos hasta la Biblia (la mayúscula no es cosa mía), pasando por un amplio abanico de hegemonías históricas. Es una pena que les haya dado por estas fuentes a este respecto cuando todas podríamos saciar nuestra sed de manera más positiva recurriendo a los indios americanos precolonizados y sus cinco géneros para expresarse como individuos. Pero la libertad y la diversidad nunca han gustado a los gurús, no dan tanto dinero basado en las inseguridades propias y hacen a las personas individuos más difícilmente controlables. Por cierto, los comentarios homófobos también recurren al equilibrio, es La Palabra en estos círculos, lo de cinco les haría estallar la cabeza así que se quedan con el binarismo que mueve el mundo: blanco o negro, bueno o malo, hombre o mujer, como mucho yin y yang.

Hace poco aprendí algo que personalmente durante mucho tiempo no fui capaz de nombrar (poner nombre) y que me enseñó un colectivo ciudadano, Lugo Sen Mordazas, haciendo referencia al filósofo Karl Popper: la paradoja que lleva su nombre declara que si una sociedad es ilimitadamente tolerante, su capacidad de ser tolerante finalmente será reducida o destruida por los intolerantes. Por muy escondidos que estén entre la espiritualidad, frente a estos comentarios es necesaria la tolerancia cero. La misma que aplicamos a la violencia de género o al racismo.

 

blog.jpg

2012 © CREOWEBS. Diseñamos y creamos