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Capitalismo

13/05/2017

“La evolución del sistema de patentes en los últimos decenios tiende a proteger no los derechos de los inventores, sino las inversiones de capital” Jorge Riechman, “Transgénicos: el haz y el envés”, Catarata.

Con el sistema de patentes en el ámbito cultural, los derechos de autoría y demás, ocurre lo mismo que en la biotecnología en torno a la cual gira el trabajo de Riechman. Lo explica muy bien Hernán Casciari en su conferencia “Matar al intermediario” donde, entre otras cosas, habla de las condiciones abusivas a las que se ven sometidas las autoras firmando contratos con distribuidoras varias o centros de venta como El Corte Inglés (aquí podéis ver la charla TED)

La legislación sobre propiedad intelectual, el sistema de patentes de la cultura, se redirige constantemente hacia leyes como la SOPA / PIPA que consiguen frenar activistas como Aaron Swartz (a quien la presión del sistema lleva al suicidio, siempre es interesante volver sobre “The Internet's Own Boy: The Story of Aaron Swartz” o la Ley SINDE y las presiones estadounidenses para su aprobación que fueron finalmente desveladas a través de wikileaks. Proteger al propio sistema, proteger el capital sobre las creadoras, sobre las obreras, sobre las verdaderas imprescindibles personas detrás de estos bienes, sin quienes simplemente no existirían.

La injusticia de un sistema que tan bien desgrana Santiago Alba Rico hablando, en términos más amplios, sobre “la propia eficacia del capitalismo” - que - “lo transforma en el sistema más injusto de la historia. Que sea capaz de producir alimentos para alimentar tres veces a la población de la tierra, convierte el hambre de 1000 millones de personas en un genocidio voluntario; que sea capaz de prolongar la vida hasta los 80 años en determinadas franjas geográficas y sociales, convierte en un crimen imputable la media de edad de Sierra Leona, Haiti o Bangladesh…”

Hace unos meses, hablando sobre “piratería”, subía al blog un fragmento de "The Pirate Bay Away From Keyboard" de Simon Klose (que dura menos de un minuto y medio y os dejo de nuevo aquí abajo) con una propuesta muy interesante de plataforma de visionado online justa para creadoras e espectadoras, sin esos intermediarios a los que Casciari aboga por eliminar de la cadena de producción. Podríamos hablar también de sistemas alternativos al copyright, como las Creative Commons que redacta Lawrence Lessig, profesor de derecho en Standford, a través de la CC, organización sin ánimo de lucro; el Coloriuris que idea el abogado Pedro Canut; o el Arte Libre que surge en el entorno del Copyleft Attitude que tuvo lugar en París a principios de 2000. Podríamos y debemos. Hablemos sobre todas las alternativas que ya están funcionando, mejorémoslas, hagámoslas crecer, cultivemos el futuro cultural que queremos cosechar en formas diversas, libres y accesibles, como creadoras y como espectadoras, como personas que defienden la cultura como derecho.

Hemos de aplicarnos en todos los campos, en la agricultura/alimentación como en la educación/cultura. Así que os dejo la última hoja del libro de Santiago Alba editado por Polen Ediciones, un ejemplo de todos esos campos aplicados, una edición certificada con buenas prácticas ambientales, elaborada con software libre, y bajo licencia Creative Commons. Desde el diseño gráfico hasta el agua de tu vaso: nuestras elecciones como consumidores abren o cierran caminos.

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Algunos apuntes y preguntas en torno a la “piratería”. Y respuestas posibles desde la utopía. from Carmen PG Granxeiro on Vimeo.

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