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Atenas: refugiadas, voluntarias y turistas.

25/07/2017

Una (seudo)crónica para la (auto)crítica.

Las vidas se entrecruzan en un planeta que nos une y a pesar de un sistema que se empeña en separarnos. Allá donde respiremos habrá siempre partículas de mundos que nos son desconocidos, de vidas ajenas que en cualquier momento se pueden convertir en vivencias propias. Grecia es ahora mismo un punto de encuentros y desencuentros entre personas que, casi siempre sin saberlo, están unidas entre sí por menos de siete pasos (y en el caso ateniense por una sola ciudad).

Existen seis mil lenguas vivas; además del griego, en las calles turísticas de Atenas se escuchan muchas otras y el inglés vehicula las comunicaciones de una cotidianeidad repetitiva basada en el dinero. En el barrio de Exarchia, además de estas, se escuchan reiteradamente el árabe, el farsi o el francés post colonial. Las palabras, que comunican y expresan, unen o separan, a veces son simplemente innecesarias; la creación artística como único medio posible de comunicación directa las incapacita para comunicar y expresar, o para unir o separar. Cuando el dibujo toma la palabra, “tomar” en varios de sus muchos significados, entenderse pasa a ser la única realidad factible. Redibujar juntas el mundo es (re)encontrarnos en nosotras mismas para ser capaces de vernos en las demás. Provocar el silencio con música que suena tenue desde una caja entre los gritos (de palabras) es una demostración más de un súper poder muy poco empleado. Quedó escrito en los muros de una squat (en este contexto: un edificio okupado para ser vivienda o centro social que acoja a las personas migrantes atrapadas en Grecia por el cierre de las fronteras europeas): art is our weapon, así lo siento, un arma para la paz. Así lo viví también en esos muros abiertos y protectores, frustrantes, queridos y odiados, muros tomados por la sociedad civil (organizada y desorganizada, en todos los sentidos) para dar respuesta (y poner parches muy necesarios) a una emergencia humanitaria que permite al sistema seguir girando mientras millones de vidas dejan de hacerlo.

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That´s how it all get started. Thanks, Kasem.

Frente a los espacios que buscan la autogestión y se sostienen, en diferentes grados, al margen del sistema, otros encierran prisiones que mantienen el orden del sistema mismo que las ha creado. Los campos (oficiales) de refugiados se han ido alejando de la ciudad: Atenas se limpia de refugiadas para ensuciarse de turistas. El presente molesta cuando solo se quiere “pensar” sobre el pasado. Pensar más allá puede ser doloroso. Reflexionar da pereza. La rueda sigue girando.

Sin embargo esos “parches” de los que hablan las voluntarias que más tiempo llevan en Grecia, son semillas. Hay una cosa que tengo muy clara, pase lo que pase, no hay que dejar de plantarlas. Aunque las ideologías sigan dividiendo a los hombres, aunque el poder siga fracturando incluso al movimiento anarquista griego y (re)manchando con violencia a quienes huyen de ella. Contradicciones. Como la del comunista que calza Nike, la ecologista que compra perros o el anticapitalista que bebe CocaCola.

En ese punto de encuentro que son los proyectos “al margen” surgen igualmente conflictos, otros y los mismos, estamos hechas de pasados demasiadas veces enfrentados. Solo desde la (auto)crítica cabe continuar caminos hacia una (r)evolución deseada. No hay nada permanente excepto el cambio, pensando en la Grecia de Heráclito podemos preguntarnos ¿hacia dónde? Más allá de las zonas de confort hay vidas que se interrumpen/continúan para por otras vidas, y dejan sin palabras porque aquí ninguna sería suficiente. Hay también, dentro del confort, “volunturismo” que no precisa de Acrópolis que visitar sino más bien de horas fáciles por vivir o trasnochar. Desde esas zonas de confort es difícil imaginar un teléfono móvil como una herramienta imprescindible para saber si tu madre está viva en Siria mientras tú intentas/deseas comenzar una vida en algún lugar en que te lo permitan y donde no exploten bombas asesinas. Es difícil imaginar que te empiezas a prostituir para pagar datos móviles que te permitan hablar con ella cuando hace una semana que sabes que puede estar muerta. Pero en el punto de encuentro se topan también las energías de quienes tienen que duplicar la calidad del tiempo porque no van a aportar demasiada cantidad. Las esperanzas de quienes se levantan cada día pensando en alcanzar un futuro de “reunificación” familiar en algún país extranjero con una lengua extranjera letras latinas titulaciones europeas costumbres nuevas monedas diferentes culturas ajenas. De los puntos de encuentro pueden germinar árboles más fuertes, sociedades que resistan mejor los huracanes. Y, sin duda, de esos encuentros, de todos ellos en sus variadas medidas e intensidades, surgen cientos y miles de otros que nos unen en redes transparentes y que hemos de hacer sólidas.

De los vividos tengo que agradecer la generosidad de todos, de todas las personas que se pararon a reflexionar conmigo, a recordar en alto. A (re)pensar esa evolución que nos es común. A las que explicaron contextos, lanzaron preguntas al aire, compartieron momentos difíciles y alguna noticia alegre. A las que proveyeron de tecnología, herramientas con buenos fines, a las que enseñaron y aprendieron. Lo agradezco y una vez me dijo una buena amiga que no hay nada más bonito que sentirse agradecida. No he querido coleccionar historias, no quiero retratar vidas suspendidas en momentos de tal vulnerabilidad, solo espero poder dar forma a una reflexión colectiva, una que provenga de voces que se han encontrado en torno a las fronteras cerradas de europa (con una minúscula muy pequeñita) De lo que he escuchado y grabado, de lo que he visto y vivido, a algo de todas podré dar forma teniéndoos muy presentes durante las próximas semanas o meses (ya para siempre), residentes/refugiadas y voluntarias de proyectos como la Jasmine School o S.O.S. Refugiados. Seguimos: sembrando, regando, abonando. Dibujando y escuchándonos en la música y en el abrazo, venciendo silencios y escupitajos. Y en cada una de nuestras realidades construyendo desde el comercio justo, desde lo local, la economía solidaria, el bien común, la ecología, los movimientos sociales... nos seguimos viendo.

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